LEADER OF THE PACK: KARLHEINZ WEINBERGER
by admin on 21 December 2011, under Estudios de Género, Fotografía, Sin categoría
El culto al chico de la moto, aquel ángel caído, vestido en cuero, quien montado sobre una máquina infernal, en ruta a la destrucción para ser “siempre joven”, se puede datar claramente durante el proceso de la post-guerra americana. Ante la ausencia de figuras paternales tangibles, principalmente debido a la guerra, en las sociedades occidentales se fomentó, aceleradamente, una vertiginosa relación a una imagen masculina trastocada, construida al interior de una culturalmente confusa industria de la imagen, y que a la par de lo que sucedía en la realidad, dió por resultado una particular iconografía: una donde se contraponía la perfección del héroe de papel y celuloide con la angustiosa e inexorable experiencia diaria de observar a los chicos marchándose al frente “para luchar por la libertad” (¿para materializar tal ideal?). Desde el cine hasta la industria editorial se suplen las carencias de una figura protectora inmediata e incrementan su poder desde construcciones idealizadas de un macho, solitario, viril, preocupado por ideales elevados como la justicia y la libertad. Mujeres y niños son los receptores inmediatos. Mujeres solas y niños sin modelos a seguir. Corazones en ruinas y criaturas a la deriva.
Con el término de la guerra los bellos ejemplares masculinos vuelven como héroes a la fila de los desempleados cuyo destino es convertirse en el capital humano para todas ésas industrias listas para comenzar a operar.
Mientras que América la hermosa sufría de decepción, y se vanagloriaba de un discutible triunfo, en Suiza, Karlheinz Weinberger trabajaba como fotógrafo para una revista gay, bajo el seudónimo de Jim. Cierto día caminando a su trabajo, en la fábrica donde trabajaba de día, Jim/Karl tuvo la visión que cambiaría su vida: en plena calle de Zürich un joven “Rocker” atentaba contra el orden social con su sola presencia: hebillas con la imagen sagrada de un cantante estadounidense llamado Elvis dorado, una herradura como símbolo al cuellos, casco de soldado, cadenas y remaches reemplazando el cierre del pantalón. El joven salvaje y rebelde de “The wild one”, ya no es una imagen que se encuentra en el cine más próximo, es una realidad, el shock inmediato en el centro de la sociedad neutral y limpia.
Desde fines de los años 50 y hasta los años 80 Karlheinz Weinberger desarrolla una personal exploración en los dominios de la rebeldía juvenil de la Europa del Norte: jóvenes solitarios montados en motocicletas viviendo la fantasía de libertad en el centro de una cultura desgastada; pandillas adoptando nombres tales como “The Jets” o “Town birds” construyendo un universo alternativo a la realidad implacable y nunca cómoda.
El proceso de trabajo de Weinberger tenía lugar en sus horas libres, en improvisados escenarios en una zona del cordón industrial de la ciudad de Zürich. Durante una porción importante de su proceso los sets eran armados en las dependencias de una bodega perteneciente a la fábrica donde Karl trabajaba. Tan al margen como sus retratados, el imaginario del artista iba tomando forma.
Imágenes en blanco negro mostrando conjuntos de jóvenes jugando despreocupadamente en el bosque, escenas en color donde el ojo de la cámara se concentra en detalles de las vestimentas. El cuerpo recargado se convierte en un universo donde Weinberger lentamente explora en busca de una cierta energía sexual. Resulta interesante como a lo largo de éstas series, la obra juega premeditadamente con la masculinización de las chicas y la fragilidad casi barroca de los chicos.
Cuando Kenneth Anger crea “Scorpio Rising” la latente homo-erotización del rebelde ya es una realidad en los circuitos marginales de la cultura pop, en la perspectiva del tiempo es interesante notar como ésta pulsión tiene lugar en lugares simultáneos y como nuevamente el factor de la post-guerra juega un papel trascendental en ésta génesis.
Los cientos de imágenes creados por Karlheinz Weinberger gravitan en aquel universo, quizás más cercanos al lado oscuro de la luna, que a los rayos del sol, incluso su potencia estética fluye desde éste rasgo.
Rizzoli a publicado una monografía con las imágenes que Weinberger creó llamada “Rebel Youth” y durante el 2011 galerías de Estados Unidos y Europa han exhibido muestras retrospectivas de ésta extensa obra. En la introducción a una de las muestras del fotógrafo John Waters, pregunta: “Es suizo??! Tienes que estar bromeando!!!”.
En un tiempo que se habla de “no lugares” y de utopías imposibles, las imágenes creadas por Weinberger replantean drásticamente éstas consideraciones: un mundo donde Elvis es más que una presencia musical o cinematográfica, sino un ideal de rebeldía y cambio, una figura de contemplación que funciona como portal a la articulación de la diferencia. En los últimos años hemos sido testigos de la formación de una industria en torno a la imagen de los angelitos fieros (desde la moda y el cine especialmente) y mientras hoy todo confluye al status de “chic”, las acomodadas hordas en busca de novedad y vanguardia seguirán en la completa ignorancia de la verdadera fuente creativa, erótica y contextual, que además de trabajar en el margen absoluto, respondía a un fenómeno inesperado, seductor y contigente a una sociedad que se aceleraba al abismo de las fauces del capitalismo tardío, la obra que Karlheinz Weinberger nos ha dejado es en iguales porciones sexy, icónica e impactante.









